CICLO DEL AGUA
La militarización del agua: Tendencias dominantes y llamado a un cambio de paradigma
El agua se está convirtiendo en uno de los recursos definitorios del siglo XXI, presionada por el cambio climático, el uso excesivo y la contaminación, mientras simultáneamente adquiere importancia geopolítica y económica. Por un lado, la UNESCO advierte que el retroceso de los glaciares, la intensificación de las sequías y el empeoramiento de las inundaciones están remodelando la disponibilidad global de agua. Por otro lado, la demanda de agua dulce ha aumentado casi un 1% por año desde la década de 1980, impulsada por el crecimiento poblacional y la expansión económica. Esto crea un desajuste creciente entre la demanda y la oferta de agua. Otro desajuste importante se encuentra entre las necesidades crecientes y la inversión insuficiente. Mientras algunas regiones amplían la desalinización, la reutilización de aguas residuales y el riego eficiente, otras luchan por proporcionar agua potable y saneamiento básicos.

Hoy, 2.4 mil millones de personas viven en países con estrés hídrico, siendo las mujeres, las comunidades indígenas, los migrantes y los refugiados los más afectados de manera desproporcionada.
Sin embargo, la escasez de agua ya no es solo un problema ambiental o de desarrollo; es un factor que impulsa la inseguridad alimentaria, la migración, la inestabilidad económica y la tensión geopolítica. Hoy en día, el agua también se está utilizando como arma. Informes del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y del Geneva Water Hub documentan una tendencia creciente en el uso del agua como medio o método de guerra, incluidos ataques al suministro de agua potable, al saneamiento y a la infraestructura hidráulica.

En los conflictos modernos, que cada vez se desarrollan más en entornos densamente poblados, los sistemas hídricos son blanco de ataques, ya sea directamente o a través del sistema interconectado del que dependen (suministro de energía, telecomunicaciones, insumos químicos y personal especializado). La destrucción o inutilización de los sistemas hídricos provoca interrupciones inmediatas del servicio, desencadenando consecuencias en cascada a largo plazo. Por ello, el CICR y las Naciones Unidas destacan que el agua actúa como un factor multiplicador de daños en tiempos de guerra: cuando los sistemas hídricos fallan, la salud, la nutrición, la dignidad y la cohesión social se deterioran simultáneamente.
El derecho internacional contempla protecciones explícitas para los sistemas hídricos, como los Convenios de Ginebra, el derecho internacional humanitario consuetudinario y la Lista de Principios de Ginebra sobre la Protección de las Infraestructuras Hídricas. Sin embargo, en la práctica, estas protecciones se ignoran sistemáticamente o se aplican de forma deficiente, dejando los sistemas hídricos desprotegidos a pesar de contar con un sólido marco jurídico.
Si la ley no puede proteger de forma fiable la infraestructura hídrica, la gestión del agua debe adaptarse. La comunidad mundial del agua necesita planificar, financiar y gestionar los sistemas teniendo en cuenta los conflictos, la fragilidad y el riesgo geopolítico. La seguridad hídrica resiliente exige ahora infraestructuras descentralizadas y modulares, redundancia entre fuentes y sistemas de energía, y una mayor protección física y digital de los activos críticos.

Entre las prioridades adicionales se incluyen: un enfoque sensible al conflicto que garantice que las decisiones sobre el agua no exacerben las tensiones ni profundicen la desigualdad; una diplomacia regional más sólida en materia de agua (intercambio de datos, monitoreo conjunto, mediación y cooperación basada en la ciencia); la protección de los trabajadores del agua como actores humanitarios; y, finalmente, la inversión en monitoreo moderno e innovación para mantener el funcionamiento de los sistemas hídricos en situaciones de estrés.
Estos cambios definen un nuevo paradigma: la gestión del agua debe convertirse en un ámbito que tenga en cuenta el conflicto. En un mundo donde la infraestructura puede ser objeto de ataques, la gobernanza cuestionada y las comunidades desplazadas, la seguridad hídrica exige planificar tanto para la incertidumbre como para la eficiencia.