Entrevista a Manuela Casado, directora de Landscape en IDOM
El paisaje como herramienta para transformar ciudades
Mi trabajo consiste en comprender la relación entre las personas, la naturaleza y los lugares que habitan
El paisaje está presente en casi todo lo que vivimos, aunque muchas veces pase desapercibido. Para Manuela Casado, directora de Landscape en IDOM, el paisajismo consiste en comprender la relación entre las personas, la naturaleza y los lugares que habitan. En esta conversación reflexiona sobre el papel del paisaje en nuestro bienestar, su capacidad para transformar ciudades y comunidades, y la necesidad de entenderlo como una herramienta estratégica para afrontar los retos ambientales y sociales de nuestro tiempo. Desde los oasis tradicionales de Arabia Saudí hasta grandes proyectos de integración urbana, comparte además algunas de las experiencias que han marcado su trayectoria profesional.

El paisaje es el escenario de nuestra existencia cotidiana. Influye en cómo vivimos, cómo nos encontramos y cómo nos relacionamos con el mundo.
¿Cómo explicarías qué es el paisajismo a alguien que nunca ha oído hablar de ello?
El paisajismo es el arte de hacer visible la relación entre las personas y el lugar que habitan. Se trata de comprender el espacio y acompañar sus dinámicas.
¿Por qué es tan importante?
Porque el paisaje es el escenario de nuestra existencia cotidiana. Influye en cómo vivimos, cómo nos encontramos y cómo nos relacionamos con el mundo. Diseñamos nuestro entorno, pero después nuestro entorno también nos moldea a nosotros.
¿Recuerdas algún espacio que te haya hecho sentir especialmente bien? ¿Qué crees que tenía de especial?
Los oasis tradicionales de Arabia Saudí me han impresionado profundamente. Son lugares donde naturaleza, trabajo humano, agua y comunidad han aprendido a convivir durante siglos.
Desde tu experiencia, ¿cómo puede el paisajismo mejorar la vida de las personas en su día a día?
Creando espacios que inviten a caminar, encontrarse, descansar y sentir que perteneces a un lugar. El paisaje puede aportar bienestar incluso cuando no somos conscientes de ello.


Un buen espacio público invita al encuentro, a permanecer en él y fortalece el sentido de comunidad.
¿Por dónde empiezas en cada nuevo proyecto?
Empiezo observando y escuchando. Intento entender el lugar, su historia y sus procesos naturales, pero también cómo utilizan el espacio las personas que lo habitan. Creo que los mejores proyectos nacen precisamente de esa capacidad de aprender de ambos.
¿Qué diferencia a un espacio simplemente atractivo de uno que realmente funciona y conecta con la gente?
Un buen espacio público invita al encuentro, a permanecer en él y fortalece el sentido de comunidad. La belleza auténtica genera vínculos, no es solo visual. El verdadero éxito llega cuando las personas lo hacen suyo con el paso del tiempo.
¿Crees que al paisajismo se le da la importancia que merece dentro de los proyectos? ¿Está cambiando esta mirada?
Está cambiando rápidamente. Hoy entendemos que el paisaje no es un complemento del proyecto, se trata una herramienta estratégica para abordar cuestiones ambientales, sociales y urbanas.
En nuestro caso, el paisajismo es una disciplina más dentro de nuestros proyectos que aporta coherencia con el entorno, habitabilidad, dota de excelencia al proyecto global.
En ciudades cada vez más densas, ¿qué papel juega el paisaje en nuestra salud y bienestar?
Juega un papel fundamental. Introduce naturaleza, regula el clima, favorece la biodiversidad y reduce el impacto del estrés urbano. Por eso cada vez más ciudades están apostando por reforzar su infraestructura verde y hacer el espacio público más habitable.
¿Cuál ha sido el proyecto más complejo al que te has enfrentado? ¿Qué lo hacía especialmente difícil?
Los proyectos de integración urbana vinculados a grandes infraestructuras de transporte son especialmente complejos. Exigen coordinar movilidad, arquitectura, urbanismo y paisaje para construir una visión compartida de ciudad. Precisamente esa complejidad es lo que los hace tan apasionantes.

No adaptamos el paisaje a una idea preconcebida, intentamos comprender lo que ya existe.
¿Hay alguno que recuerdes con especial cariño?
Tengo un cariño especial por el Centro de Excelencia de NEOM. Conseguimos restaurar el ecosistema existente e integrarlo con nuevos usos productivos y de divulgación. Más allá de los premios obtenidos, lo que más valoro es la relación de confianza que construimos con el cliente y el impacto positivo del proyecto.
Seguro que hay cosas del paisajismo que sorprenden… ¿puedes compartir alguna curiosidad?
Una de las mayores sorpresas es que muchos de los espacios abandonados albergan más biodiversidad y riqueza que los espacios cuidadosamente gestionados. Cuando aprendemos a mirar, la naturaleza suele aportar soluciones más inteligentes de lo que imaginamos.
Trabajáis en lugares muy diferentes. ¿Cómo se adapta el paisaje a cada cultura, clima o forma de vivir?
No adaptamos el paisaje a una idea preconcebida, intentamos comprender lo que ya existe. Cada clima y cada cultura contienen una inteligencia propia que merece ser escuchada. Nuestro trabajo consiste en descubrirla y revelarla. Ahí empieza siempre el diseño.


El objetivo del paisaje es ayudar a construir una relación más equilibrada entre las personas y el mundo que habitan.
Si tuvieras que convencer a alguien de invertir en paisajismo con una sola idea, ¿cuál sería?
El paisaje es una necesidad, no un lujo. Invertir en paisaje es invertir en los sistemas naturales que sostienen nuestras ciudades y nuestro territorio. Cuando mejora el paisaje, también mejoran la calidad de vida, las relaciones entre las personas y el vínculo que mantenemos con nuestro entorno.
Para terminar, ¿cómo imaginas el paisajismo dentro de unos años? ¿Qué debería cambiar o evolucionar?
Creo que será una disciplina cada vez más transversal. Tendremos que combinar ecología, tecnología y diseño, sin olvidar que trabajamos con procesos vivos y con personas. Al final, el objetivo del paisaje no es controlar la naturaleza, sino ayudar a construir una relación más equilibrada entre las personas y el mundo que habitan.