Lo sentimos, actualmente no hay resultados disponibles.

Proyectos

Noticias

Publicaciones recientes

Vídeos

Oficinas

Entrevista a César Azcárate y Borja Gómez, autores del proyecto

Todo sobre el Claro Arena

Un estadio que se inserta en el paisaje: memoria, eficiencia y una nueva manera de vivir el fútbol

El nuevo estadio de la Universidad Católica surge de una idea rotunda: conservar la grada histórica, elevar una segunda bandeja y tejer un bulevar 360º que abre el edificio a la ciudad y multiplica su vida más allá de los 90 minutos. En esta entrevista, César Azcárate y Borja Gómez, arquitectos responsables del proyecto dentro de IDOM, nos explican por qué la geometría —casi en cruz— responde mejor al lugar que un óvalo genérico; cómo una cubierta ligera de gran luz en madera laminada y acero dialoga con un contexto sísmico; y de qué modo la sostenibilidad se practica desde la estructura hasta la operación: agua, energía, flujos, accesos y usos terciarios que activan el estadio los 365 días.

Mantener la grada original preserva memoria, optimiza costes y reduce huella de carbono.

El proyecto parte de mantener la grada original y articular un bulevar 360º. ¿Por qué ese punto de partida?

Nació del propio pliego y de una convicción: preservar la esencia del estadio en su lugar, aprovechando una estructura robusta y muy bien situada —encajada en la pendiente natural entre la cordillera y la ciudad—, con excelentes visuales y cercanía al campo. Reutilizar era lógico económica y ambientalmente; solo exigía sanear la pieza, modernizarla y elevar una segunda grada para alcanzar la capacidad objetivo, integrándolo todo con el bulevar perimetral.

¿De dónde surge la geometría —más rectangular, casi en cruz— frente al óvalo tan extendido en estadios?

Fue una apuesta de concurso y de lugar. Estudiamos visuales y cubierta: en bowls elípticos, las esquinas tienden a perder calidad visual al crecer en altura. Nuestra planta precisa coloca a cada espectador donde mejor ve, y hace más eficiente la cubierta. Arquitectónicamente, las cuatro esquinas dejan de ser residuales y pasan a ser puntos protagonistas, con salas y hospitality capaces de transformar el estadio deportivo en un edificio urbano. No queríamos “un objeto redondo traído de cualquier parte”, sino una pieza vinculada a su paisaje y a la cultura del club.

Habláis de insertarse en el paisaje. ¿Cómo se vive esa relación desde dentro?

La relación cóncavo–convexo es clave: el estadio acoge el juego sin dar la espalda a la ciudad ni a la cordillera. Desde la grada principal, el recorte de la cubierta enmarca la montaña; en esquinas y terrazas, las vistas se abren hacia la ciudad. La sección y los puntos de estancia del público están pensados para ver y ser visto, para que el estadio dialogue con el lugar en cada recorrido.

¿Qué reto supuso preservar la estructura existente?

En realidad, fue una ventaja: el hormigón estaba en muy buen estado. Diseñamos el crecimiento hacia arriba y hacia fuera, sin intervenir apenas ese esqueleto. Así, el estadio original queda embebido en el nuevo, con reparaciones mínimas y una gran ganancia en carbono incorporado. Ajustamos pequeñas cosas —primera fila, posición del terreno— para llevar las visuales de la grada baja a un nivel excelente.

La forma en cruz afina visuales, optimiza cubierta y crea esquinas activas con salas multiuso.

Se han convertido las esquinas en programas activos. ¿Cómo funcionan?

Son bisagras del proyecto. Albergan hospitality con visión privilegiada, servicios y salas de eventos que trabajan en día de partido y entre semana. Además, en cota de bulevar, son grandes accesos públicos. Esta doble condición mejora la experiencia y da vida diaria al estadio.

La tribuna Livingstone —la franja hacia la ciudad— concentra programas. ¿Qué la hace singular?

Es el frente donde crecemos como edificio completo: usos arrendables que activan los 365 días, palcos y zonas premium con distintas gradaciones, palco presidencial, tercera banca a pie de campo, y la prensa en su cadena completa (zona mixta, sala de prensa, pupitres y cabinas). Esta mezcla diversifica la experiencia y, además, distribuye la llegada y salida del público: la ciudad deja de concentrarse en un minuto y gana tiempo social antes y después del partido.

Cubierta: grandes luces (≈31 m), sismo y logística global complicada. ¿Cuál fue la respuesta?

La coyuntura nos empujó a soluciones locales: con el Canal de Suez tensionado, un sistema ligero importado no era opción. Propusimos una estructura mixta de madera laminada y acero, fabricada con la industria maderera local. La madera aligera (fundamental en sismo), se prefabrica con tecnología disponible y permite voladizos notables con montaje eficiente. El resultado es ligero, innovador y propio del lugar.

¿Cómo se diseñó la fachada de lamas de pino?

Buscábamos identidad, sombra y ventilación. La trama varía según orientación: más abierta al sur; más cerrada a este y norte, para proteger del sol. Mantiene un ritmo unitario y, con iluminación, el estadio cambia de día a noche, haciendo visible su vida interior.

Cubierta de gran luz en madera laminada + acero: ligera para sismo, fabricada con industria local.

Sostenibilidad: ¿reducir, reutilizar o reciclar?

Es un mix. Reutilizamos la estructura, que es el mayor ahorro de carbono; reciclamos el acero de la antigua cubierta, revalorizamos las butacas —trituradas y convertidas en modelos nuevos, homologados—; y reducimos impacto con madera y geometría eficiente (menos material para el mismo rendimiento). A esto se suman fotovoltaica, recogida y reutilización de agua y una operación que incrementa el uso anual: un estadio útil cada día es, también, urbanísticamente más sostenible.

¿Qué papel juegan el agua y el césped?

En Chile, el agua requiere un uso responsable. Recogemos la de cubierta, almacenamos y reutilizamos. El césped sintético profesional se riega antes del partido por rendimiento y confort, pero el sistema recupera prácticamente toda esa lámina, que vuelve a depósito. Así, el ciclo hídrico del estadio es muy eficiente.

Habéis mencionado conciertos, museo y tour: ¿qué da soporte a esa polivalencia?

Instalaciones pensadas desde el inicio. El césped tolera montaje sin deterioro de una pradera natural; hay espacios para exposición (museo) y para recorridos en días sin partido. Además, los usos terciarios en la tribuna Livingstone consolidan actividad continua. Así, se difuminan los picos de afluencia: la experiencia empieza antes del pitido y termina más tarde.

¿Cómo se resolvió la operación de flujos y accesos?

Son dos capas. Una, urbana, trabajada con el municipio: modelizamos llegadas y salidas para esponjar los picos y compatibilizar barrio y estadio. Otra, interna: flujos diferenciados (jugadores, árbitros, prensa, operaciones, público general y hospitality) con tecnología en accesos —incluido reconocimiento para ciertos colectivos— que agiliza el filtro y mejora la experiencia. La ambición es que “casi no te enteres” de la transición entre calle y asiento.

Fachada de lamas de pino: controla luz y clima, y cambia de día y de noche.

Identidad del club: ¿cómo se equilibra tradición y contemporaneidad?

Primero, memoria: mantener la grada baja garantiza que muchos hinchas siguen en “su” lugar. Luego, lenguaje: los colores y las tipografías del club aparecen con medida en señalética, asientos y piezas clave; incluso se reubican emblemas donde estaban. No se trata de decorar, sino de coser arquitectura e identidad.

¿Cómo fue el trabajo con la industria local y los socios técnicos?

Fundamental. El tejido maderero y los contratistas locales se sumaron muy pronto: así alineamos diseño y procesos industriales, garantizando factibilidad, calidad y propiedad cultural de la solución. En el proceso, el trabajo coral con ingeniería y con el club dio coherencia a cada decisión.

¿Cuál fue el proceso de desarrollo del diseño?

El mismo que aplicamos en cada proyecto. Somos un equipo: hay un capitán según proyecto, pero el resultado es de un grupo amplio (arquitectos, ingenierías, industria, club). Arrancamos siempre con dos acciones: visitar el lugar —no se dibuja ni una línea sin sentir la sección y el paisaje— y entender en profundidad al cliente. Solo entonces el brainstorming se vuelve eficaz y la estrategia cobra sentido.